| Los
niños, los más vulnerables
Por
diversas razones, los niños son el grupo social más
vulnerable a las amenazas ambientales:
Por su tamaño
En comparación con los adultos, los niños comen
más y consumen más aire y agua en proporción
con su peso. Esto hace que si los alimentos, el agua o el
aire están contaminados, los niños se vean más
afectados que los adultos.
Por
ejemplo: los niños toman casi dos y media veces más
agua que los adultos. Si el agua contiene restos de plaguicidas,
recibirán más del doble de dosis contaminante
que los adultos.
Por su conducta normal
Como parte de su desarrollo natural, los niños suelen
llevarse las manos y los objetos a la boca. Esto hace que
tengan mayor posibilidad de ingerir agentes contaminantes.
Los niños son curiosos por naturaleza, pero carecen
de la información que tienen los adultos. Esto les
da menos posibilidades de prevenir amenazas ambientales.
Por
ejemplo: después del accidente nuclear de Kosovo en
1986, se observó que las personas podían entrar
en contacto con uranio empobrecido —un material radiactivo—
al recoger objetos contaminados del suelo. Los niños
estaban en riesgo especial debido a su natural curiosidad
y a su falta de conocimiento sobre la situación.
Por su estado de desarrollo
El cuerpo de un niño está en pleno desarrollo.
Si sus células y órganos se ven afectados por
agentes contaminantes, los efectos de esta exposición
pueden ser más graves que los que experimentarán
los adultos.
Por
ejemplo: algunas sustancias químicas llamadas perturbadores
de la función endocrina (como el DDT) pueden interferir
con los procesos que regulan el crecimiento y el desarrollo.
Los niños pequeños están en riesgo especial
por el importantísimo papel que el sistema endocrino
desempeña en su evolución.
Los niños, sobre todo los más pequeños,
dependen de los adultos para protegerse del ambiente contaminado.
No están listos para cuidarse ellos mismos de las amenazas
ambientales.
Por
ejemplo: en muchos países, particularmente aquellos
con mucho deterioro ambiental, el buscar agua o leña
y el ocuparse de las cosechas consumen gran cantidad del tiempo
y de la energía de los adultos. Cuando estas tareas
recaen en las mujeres de manera desproporcionada, ellas no
tienen suficiente tiempo para cuidar suficientemente bien
a sus hijos. En consecuencia, estos niños tendrán
menos posibilidades de ser protegidos de las amenazas del
ambiente.
Además
de estas razones, que valen para cualquier sociedad, desarrollada
o no, se deben tomar en cuenta algunos hechos que hacen aún
más vulnerables a los niños de América
Latina y el Caribe:
La pobreza
En los países en desarrollo, los niños tienen
más probabilidades de morir antes de cumplir los 5
años que sus pares de naciones desarrolladas (la diferencia
asciende a 13 veces más). Esta diferencia se debe,
entre otras razones, a la falta de agua potable y otros servicios
de saneamiento básico, así como a enfermedades
relacionadas con estas carencias, como el dengue y la malaria.
Por
ejemplo: entre los males originados por el agua que afectan
a los niños, los que generan mayor cantidad de muertes
son las enfermedades diarreicas. Los niños son las
víctimas más frecuentes de este tipo de males.
Se calcula que entre 80 y 90 por ciento de estas enfermedades
se deben a factores ambientales.
El trabajo infantil y algunas labores domésticas
La salud y el desarrollo de los niños se ven afectados
en muchas regiones de América Latina y el Caribe donde
los niños tienen que trabajar para apoyar a sus familias
o incluso para sobrevivir. Muchas labores asalariadas, como
el trabajo en las ladrilleras de Lima o la búsqueda
de pepitas de oro en la Amazonía sudamericana, generan
amenazas muy graves a la salud infantil. Incluso en otros
trabajos menos peligrosos, la falta de experiencia de los
niños y adolescentes puede ponerlos en mayor riesgo
de sufrir accidentes que los trabajadores adultos.
Algunas labores domésticas en las que en América
Latina y el Caribe se permite la participación de niños
y adolescentes son inapropiadas para su edad. Por ejemplo,
las jornadas muy largas de trabajo en campos de cultivo, la
carga de objetos muy pesados y el recorrer grandes distancias
en busca de agua y leña.
Fuentes:
PNUMA, UNICEF, OMS. Children in the New Millennium,
2002; OMS. Healthy Environments for Children, 2002;
Comisión para la Cooperación Ambiental de América
del Norte. Programa de Cooperación sobre Salud Infantil
y Medio Ambiente en América del Norte, 2002. |