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Interesa
describir para el sitio la ubicación, las características
geofísica y climática, la relación con
asentamientos humanos, etc. Antecedentes sobre tipo y extensión
de actividades que se han efectuado o se efectúan en
el lugar. Registro y descripción de situaciones físicas
peligrosas evidentes, presencia de estanques, fosos, diques,
embalses, presas, excavaciones, bodegas, tambores, vacíos
o con contenidos. Además, se identifican las denuncias
y quejas de la comunidad relativas al sitio evaluado.
Describir además las poblaciones vecinas o cercanas al
lugar, considerando distancias, número de habitantes,
edades, patrones de actividad, etc. Conocer el uso actual y
pasado del suelo y ver el tipo, frecuencia y extensión
de la actividad humana que en él se efectúa, si
corresponde a área residencial, comercial, industrial,
recreativo, agrícola, etc. Identificar los recursos naturales
más frecuentes en el entorno, especialmente si hay aguas
superficiales y subterráneas, y si existe actividad agrícola,
caza y pesca.
Elaborar
un programa de muestreo de los materiales peligrosos depositados
en el lugar para su análisis químico. Ordenar
los datos sobre tipos de sustancias encontradas y si tienen
relación con los antecedentes de que pudieran haber estado
involucradas en las actividades en el sitio previamente identificadas.
En ocasiones puede estar disponible la información sobre
las sustancias, proveniente de la empresa o entidad que las
manejó o depositó.
Para
prever posibles rutas ambientales de exposición, indagar
sobre topografía, tipo de suelos, hidrogeología
y clima (precipitaciones, temperatura, humedad, sistema de vientos).
La
información primaria recogida en esta etapa servirá
para orientar sobre las posibles situaciones de exposición
humana.
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