MÓDULO 1: ANÁLISIS DE CONFLICTOS |
|||||||||||||||||||||||||||||||
A.
Objetivo de aprendizaje
B. Contenido:| 1. Palabras clave | 2. Conceptos prácticos | 3. Abordando los conflictos | 4. Analizar el conflicto, un paso previo importante| 5. Análisis de conflictos y concertación |
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
Participantes adquieren destrezas y habilidades básicas para el análisis de conflictos y su aplicación al diseño y ejecución de estrategias de construcción de consensos orientados hacia proyectos de salud ambiental (agua y saneamiento), desde una perspectiva intercultural.
La noción de consenso la relacionamos al hecho de que varias personas lleguen a estar de acuerdo en uno o varios puntos alrededor de los cuales inicialmente pudo haber diferencias de opinión o controversias abiertas. Construir el consenso pasa primero por reconocer las diferencias de opinión, percepción o juicio sobre un asunto dado. El siguiente paso fundamental es abordar las diferencias o posturas divergentes, para ir decantándola hasta lograr a una decisión común, alrededor de la cual todos o la mayoría estén de acuerdo. Todo ello tiene como base fundamental el reconocimiento de las partes como iguales y, a partir de allí, un diálogo franco y abierto que busque puntos de encuentro. De hecho este es un ejercicio que toma esfuerzo, voluntad por concertar y ciertas destrezas y habilidades que pueden facilitar y hacer más eficiente el trabajo.
Generalmente, uno de las situaciones de partida para ir en la búsqueda de consensos, es la existencia de controversias o conflicto. Justamente, a partir de su abordaje y discusión es que se buscan construir acuerdos. El conflicto es un hecho consustancial a la convivencia humana. Convivimos entre seres humanos que, si bien tenemos muchas cosas en común, también compartimos diferencias, sea de interpretación, valoración, intereses, puntos de vista, etc. Más aún si nos movemos en el campo intercultural, en donde los patrones de entendimiento y comprensión de lo que nos rodea difieren, a veces, abiertamente.
Existen tantos conflictos como seres humanos hay en el planeta. Estos pueden diferir en su alcance, naturaleza, duración, intensidad, formas de abordaje, resolución y consecuencias. No caben juicios de valor sobre el conflicto en sí, pues éste no es malo ni bueno, simplemente es un hecho, una situación que surge dadas ciertas condiciones. En todo caso, sí cabe juzgar sus consecuencias, que de hecho derivan de la forma de manejo o abordaje que pudo haber sido deficiente o ineficaz. Vale la pena aclarar también, que las nociones de violencia o agresión no son sinónimo de conflicto, más bien son maneras a través de las cuales éste se manifiesta o expresa. Dentro del vasto campo de estudio y reflexión sobre el conflicto, prevalece actualmente una corriente que lo asume como un vehículo apropiado para el cambio, como una oportunidad, más que como un obstáculo o una disfunción que afecta al grupo social. Ciertamente, depende cómo el conflicto sea abordado y canalizado para que sus consecuencias no sean negativas o francamente devastadoras, que es el caso extremo de la guerra. Todos los conflictos tienen más o menos los mismos componentes o factores que lo caracterizan como tal. Lo que difieren son las maneras cómo abordarlos y éstas se hallan en gran parte influida por el contexto socio cultural.
Llegamos a una comunidad andina para instalar un sistema de agua y desagüe. Un grupo de pobladores expresa su punto de vista sobre la utilidad y necesidad de dicho servicio. Otro grupo, de la misma comunidad, no coincide con dicho punto de vista y busca bloquear los trabajos, hasta se retira de la Asamblea en donde se había establecido que el acuerdo sobre la instalación del sistema se haga por consenso. Luego de una serie de conversaciones se llega por fin a un acuerdo y decide instalar el sistema. De pronto, un grupo de pobladores plantea que el trazo de instalación debe partir del centro del poblado hacia la zona más alejada del río. Los pobladores de otra zona se oponen a ese trazo y plantean otro. Finalmente se ponen de acuerdo y surge luego otra discusión, esta vez sobre cómo pagar el servicio. Un grupo de familias propone que el servicio sea completamente gratuito y otro que no, pero que no exceda de una suma mínima...así sucesivamente. Este escenario se hace más interesante si consideramos que nosotros, como grupo de técnicos y profesionales formados y experimentados en el trabajo urbano, no logramos entender algunas razones que nos parecen objetivas o ceñidas a la “verdad”. Como vemos, es posible afirmar que los conflictos aparecen como “condición de trabajo” en las que solemos movernos. Hay quienes plantean que hablar de conflicto no es lo mismo que hablar de problema, diferencia o controversia. Para poder definir una situación como conflicto, deben mediar acciones. Tomando el caso anterior como referencia para esta distinción, podemos ver que mientras un grupo de familias plantee su punto de vista diferente al del otro grupo, no estamos necesariamente en medio de un conflicto. Basta que alguno de estos grupos ponga en marcha una acción o estrategia concreta para materializar su punto de vista y no permitir que el otro se imponga, que recién podemos hablar de la aparición de un conflicto como tal.
Generalmente abordamos los conflictos de las siguientes maneras:
En cuando a los mecanismos para resolver disputas y buscar soluciones a controversias, éstos generalmente son:
En todas las sociedades se manejan medios para la resolución de controversias o disputas que son de uso consetudinario. En general, éstos tienen que ver con la negociación cara a cara, individual o grupal, o a través e la ayuda un tercero, que generalmente es una persona legitimada por su edad o por un cargo que desempeña en el grupo. Dicha persona puede ayudar a que los participantes en una disputa se pongan de acuerdo o, finalmente, él mismo determinar cuál es la solución.
Dado que conflictos hay en todos lados, también existen los medios para prevenirlos y abordarlos. Debemos indagar con atención, en cualquier comunidad, parroquia, cantón, vecindad, etc., en la que trabajemos, sea andina, costeña o amazónica, cómo es que allí funcionan dichos medios. Como lo dijimos, generalmente es a partir de la negociación cara a cara, la participación de terceros (autoridad, experiencia de vida, etc.) que facilitan la comunicación o terceros que dirimen. De hecho hay variaciones, matices y diferencias, por eso es clave estar atentos a ellas y tratar de entender bien su lógica y sentido.
Como hecho que acontece en la sociedad, el conflicto es factible de ser analizado. Ello implica poder identificar cuáles son sus componentes principales, logrando así tener un cuadro general de sus características fundamentales, su sentido y lógica de desenvolvimiento. Así, un paso previo para llegar a acuerdos mutuamente satisfactorios es, fundamentalmente, analizar las diferencias o controversias subyacentes. Una primera entrada para el análisis general puede ser planteando en términos de identificar qué aspectos del conflicto pueden determinarse como “estáticos” (componentes) y cuáles “dinámicos” (historia, interacción de los componentes estáticos y su desenvolvimiento en el tiempo). Algunos autores se refieren a esto como los componentes sincrónicos (estructura) del conflicto y los componentes diacrónicos (dinámica y evolución del conflicto). En todo conflicto es posible identificar una serie de componentes que pueden ser aislados para efectos de análisis y comprensión. En la realidad, estos componentes se hallan interconectados y en movimiento, muchas mostrando más bien un escenario a veces caótico. Veamos estos componentes:
Una sencilla matriz nos puede ayudar a aplicar estos conceptos:
El análisis del conflicto nos permite tener un cuadro más o menos completo de la situación. Ello, a su vez, nos facilitará la preparación de nuestra estrategia de abordaje, dado que contaremos con más elementos de juicio para tomar tal o cual decisión. Suele suceder que cuando afrontamos un conflicto, independientemente de su complejidad, lo hacemos sin tener claro, muchas veces, hasta nuestros propios intereses en juego. El análisis en un paso previo clave que nos permitirá entrar con buen pie a la negociación o a cualquier estrategia de resolución por la que se opte.
Así como los diferentes medios que existen para el abordaje pueden ser casi constantes en cualquier cultura (negociación, mediación, etc.), también lo son los componentes que constituyen un conflicto, en cualquier caso lo que sí generalmente variará será el sentido que le demos a la interpretación de los hechos. Justamente, este punto es mucho más sensible si nos situamos en una perspectiva intercultual, que por definición tiene que ver con una actitud de permanente negociación entre nuestros pareceres con el de los otros. Las destrezas que podamos ir afinando en este campo del análisis del conflicto, las iremos ganando en la práctica. Los manuales y las guías aportan los conceptos clave, los esquemas y ciertas técnicas solamente. En el campo de la negociación, la totalidad de expertos coinciden en que una gran porcentaje del éxito o garantía de un buen manejo del conflicto, se halla en la etapa de preparación previa, cuyo componente central tiene que ver con el análisis del problema y el conflicto que de él deriva.
Considerando que nuestra práctica se desenvuelve en el campo del desarrollo y que lo que buscamos es poner en marcha iniciativas que aporten a ello, es preciso que al llegar a una determinada zona de trabajo, podamos empezar concertando alrededor de una visión compartida acerca del desarrollo. Ello implica abrir espacios de participación en el que se discuta y negocie la construcción de dicha visión.
El tener el cuadro claro en torno a los actores o partes que operan en la comunidad, sus posturas, intereses y estrategias de acción nos va permitir orientar de mejor manera nuestras negociaciones. Paralelamente, el saber cuáles y cómo operan los mecanismos de negociación interna, nos va permitir establece pautas de diálogo que no solo incidan en los resultados que perseguimos sino en el enriquecimiento de los propios mecanismos o formas de interacción. Un punto clave sobre
el que cabe incidir es que cuando buscamos construir decisiones consensuadas,
buscamos fundamentalmente, atender a todos o la mayoría de
intereses que puedan estar en juego alrededor de una determinada situación.
No se puede hablar de desarrollo concertado si es que finalmente se
imponen visiones o estrategias que no son convalidadas por al población
con la que se trabaja. |
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||