MÓDULO 4: HERRAMIENTAS PARA LA INCIDENCIA POLÍTICA |
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A.
Objetivo de aprendizaje
B. Contenido:| 1. Palabras clave | 2. Algunos conceptos prácticos | 3. El plan de incidencia | 4. La incidencia como factor de democratización |
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Participantes adquieren destrezas y habilidades básicas para la conceptualización, diseño y ejecución de estrategias de incidencia, para la práctica del desarrollo enfocada en proyectos de salud ambiental (agua y saneamiento), desde una perspectiva intercultural.
En muchos lugares se viene dando un mayor interés y expectativa, por parte de los ciudadanos, por participar y poder influir de algún modo en las decisiones políticas que los afectan. Así también, se abren espacios para que dicha participación se haga posible, tanto a nivel local, regional y hasta nacional. El trabajo de incidencia, tiene que ver justamente, con la capacidad para influir en políticas, tanto en términos de creación, adecuación, implementación como en la supervisión de las mismas. Hacer incidencia implica activa participación y voluntad de los actores pues, ésta es una acción deliberada, pensada y cuidadosamente planificada. El trabajo de incidencia implica poner en marcha varios componentes: diseño de objetivos claros, participación, análisis del entorno, evaluación de las relaciones de poder, construcción de coaliciones o alianzas, puesta en marcha de estrategias de comunicación y persuasión. Así, llevar a cabo una estrategia de incidencia pasa por: analizar el entorno, entendido éste por el contexto en el que se enmarcarán las acciones a desarrollar; construir coaliciones o alianzas estratégicas entre los actores que se involucrarán en el proceso, de manera directa como indirecta; trabajar el tema de comunicación, como medio orientado a promover y facilitar cambios actitudinales respecto al asunto de incidencia, así como diseminar información sobre el proceso y crear corriente de opinión favorables al proceso de incidencia en marcha.
Recapitulando, desarrollar acciones de incidencia implica poner en marcha procesos deliberados, voluntariamente dirigidos que buscan, sea crear nuevas políticas ahí donde no éstas no existen y son necesarias, hacer cumplir aquellas que existiendo no son aplicadas, readecuar aquellas que existiendo afectan el libre desenvolvimiento de procesos que se asumen necesarios o importantes para el interés público. En tal sentido las acciones de incidencia buscan influir sobre los tomadores de decisiones y abrir espacios de negociación de poder. Cabe considerar que poner en marcha estrategias de incidencia implica atender el contexto en el que ésta operaría. Difícilmente éstas podrían prosperar en ambientes políticos autoritarios. En los regímenes democráticos la posibilidad de lograr la efectividad es mayor, en la medida que dichas estrategias sean diseñadas con precisión y atendiendo a una buena lectura del entorno. Así, un buen plan de incidencia debe tomar en cuenta la manera cómo se estructura el poder ahí donde ésta pretende influir, tanto en el nivel local, regional o nacional. Ello implica conocer claramente cómo es que se toman las decisiones políticas en dichos niveles de gestión. Finalmente, otro concepto clave a considerar es el opinión pública, difícilmente se podría avanzar en influir en los tomadores de decisiones si es que no existe un clima aparente, que solamente es posible si es que se ha generado opinión pública favorable al objetivo de la incidencia; es decir, que la sociedad en su conjunto, o un conjunto importante de grupos de interés muestran su apoyo a los cambios o proposiciones planteadas a partir de la estrategia de incidencia.
Cómo lo planteamos anteriormente, un plan de incidencia implica poner en marcha un proceso deliberadamente diseñado y orientado hacia el cumplimiento de objetivos. Ello implica tener claro cuáles son los pasos fundamentales a dar:
Un plan de incidencia requiere contar con una guía de acción estratégica cuidadosamente elaborada. Es importante no dejar espacio a la improvisación. Cuanto más detallado y consistente sea el plan, se minimizan los riesgos de fracaso en la consecución del objetivo de la incidencia. La flexibilidad se puede dar en la ejecución del plan, más no en su diseño. Contar con un plan de incidencia nos permite:
Si un plan claro, la estrategia de incidencia no cuenta con la base necesaria para asegurar su éxito. 3.1 Identificando el problema Sin una clara identificación del problema, los objetivos de la incidencia serán gaseosos y ningún cambio podrá llevarse a cabo. El problema debe estar claramente delimitado y formulado con la mayor especificidad posible. Para su formulación nos pueden ayudar los siguientes criterios:
Considerando el campo de la salud ambiental, más específicamente sobre el tema de agua y saneamiento en poblaciones indígenas, pueden aplicarse las preguntas arriba planteadas y a partir de sus respuestas determinar qué tanto existe un problema que amerita ser abordado por el lado de poner en marcha una estrategia de incidencia. Por ejemplo, considerando el nivel local. Si es que un Municipio de un centro poblado tiene el mandato de poner en marcha un plan de saneamiento a través de una priorización participativa. Podemos identificar que el problema no es de la ausencia de un mandato o política establecida, sino de su puesta en marcha, sobre ésta acción deberá girar nuestra acción de incidencia sobre las autoridades y funcionarios que directa e indirectamente tienen que ver con este asunto. Cabe considerar que no basta con dar cuenta del problema y su formulación detallada, sino también determinar qué tan viable y realista superarlo a través de una acción de incidencia. Algunos de los criterios que nos pueden ayudar a determinar dicha viabilidad son:
El análisis del problema tiene que ver con identificar el asunto en cuestión (¿qué?), los agentes o actores que se ven afectados por él (¿quiénes?, ¿dónde?), las causas que lo originan (¿por qué?). Un análisis detallado nos va a permitir formular el problema con mayor precisión. 3.2 Definición de la propuesta de acción La propuesta establece cuál es el propósito de la incidencia en términos de la solución que se busca alcanzar. Es una suerte de guía para la acción, que debiera establecer con claridad:
Veamos un ejemplo:
3.3 Análisis del campo de poder Poner en marcha una
estrategia de incidencia implica moverse en un campo en el que juegan
una serie de agentes que detentan diferentes niveles de poder. La
identificación de estos agentes nos ayudará a determinar
quiénes jugarán qué roles. Aquí es donde
emerge la noción del “el blanco”, en términos
de definir quién será el sujeto sobre el cual recaerá
la acción de incidencia.
Identificados los diferentes agentes y sus posiciones respecto al plan de incidencia, es preciso saber con detalle, las características y funcionamiento de los espacios de decisión, generalmente es el ámbito donde opera el “blanco” del plan de incidencia. Para ello es clave contar con información sobre:
Teniendo información sobre el espacio de la toma de decisiones, cabe ahora tener claridad sobre cómo es que se configura el campo de poder en el que nos movemos. Lo ideal es poder expresarlo de manera gráfica, indicando a qué tipo de actore representan, cuáles son sus posiciones, sus intereses, sus argumentos, sus fortalezas y sus debilidades 3.4 Plan de acción o poniendo en marcha la estrategia En este punto llegamos al momento en el que debemos contar con un diseño específico en el que se da cuenta con claridad de la articulación de acciones programadas en función del objetivo de la estrategia de incidencia. Es clave especificar:
Un primer punto es esta etapa radica en establecer cuál será y cómo estará conformado el equipo responsable de ejecutar el plan de incidencia. En dicho equipo habrá un responsable central o ejecutante, un especialista en comunicación/información, un especialista en prevención y resolución de conflictos, un capacitador o encargado de velar porque todas las capacidades del grupo de incidencia estén suficientemente cubiertas. Estos roles deben estar claramente establecidos y en todo el proceso de incidencia cada quien es responsable porque todo funcione de acuerdo el plan y con la mira puesta en la obtención del objetivo. Como lo comentamos al inicio, una efectiva incidencia pasa por generar una opinión pública favorable al objetivo de la misma. Ello implica contar con una estrategia de comunicaciones precisa sobre que considere:
El miembro del equipo responsable de este trabajo deberá diseñar y poner a consideración del grupo su estrategia de comunicaciones, que será siempre verificada en función de qué tanto aporta al cumplimiento del objetivo de la incidencia. Otro campo de acción en todo proceso de incidencia tiene que ver con los medios de influencia, que tienen que ver con las técnicas que se pondrán en marcha para lograr influenciar directa o indirectamente sobre el “blanco”. Las técnicas pasan por las más personalizadas (cabildeo, abogacía, lobby), hasta la de presión masiva (marchas, protestas públicas). Cada una de ellas deberá activarse según las circunstancias lo dicten. Para ello, el equipo debe evaluar, a lo largo de todo el proceso, cómo se van situando los actores, desde el “blanco” de la incidencia, hasta los aliados, indecisos y opositores. Cada paso dado en la ejecución del proceso de incidencia debe estar debidamente programado. Como lo anotamos con anterioridad, en esta tarea no cabe espacio para la improvisación, ello no quita que seamos flexibles durante la acción misma. Para la programación de acciones cabe proceder con matrices que se usan para planes operativos, en donde se detalla claramente: el objetivo a cumplir, la actividad a ejecutarse, el responsable, los recursos necesarios, los plazos. 3.5 El seguimiento
y evaluación del proceso El seguimiento y la evaluación del proceso y los resultados se dará en función de los objetivos intermedios y finales.
A través de las acciones de incidencia, como lo planteábamos al inicio, se negocia poder. La incidencia es un medio a través del cual la ciudadanía organizada gana espacios en la defensa de sus derechos y se involucra directamente en los procesos políticos negociando sus intereses como grupo social. Generalmente confundimos el plan de incidencia con uno solo o algunos de sus componente: hacer una campaña de difusión, una protesta masiva, una acción de cabildeo con funcionarios de alto nivel. Lo que debe quedar en claro es que hacer incidencia implica diseñar y poner en marcha toda una estrategia cuidadosamente preparada y con arreglos a objetivos muy precisos. Hacer incidencia es
poner en marcha acciones deliberadas que buscan generar cambios. Tiene
una intencionalidad muy clara y detrás de esta hay población
organizada que ha identificado con precisión un escenario inicial
y otro final. Cada contexto determinar cuáles son las acciones
más adecuadas a seguir. Hacer incidencia en Nicaragua, será
diferente de hacerla en Panamá o en Ecuador, cada contexto
determinará la forma que deberá adquirir la estrategia
a poner en marcha. |
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