CAPÍTULO 1: SUSTANCIAS TÓXICAS E INTOXICACIONES


Objetivos | ¿Qué es una sustancia tóxica? | Exposición a sustancias tóxicas | Cómo ingresan las sustancias tóxicas en el organismo | Qué sucede cuando una sustancia tóxica penetra en el organismo | Efectos de las sustancias tóxicas | Cuándo aparecen efectos generales

 
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Objetivos

Después de haber estudiado este capítulo, deberá estar usted capacitado para:

  1. Identificar una sustancia tóxica.
  2. Comprender los conceptos de intoxicación local y de intoxicación general. Conocer todas las vías por las que puede ingresar en el cuerpo un tóxico y reconocer las circunstancias en que puede
    producirse una intoxicación.
  3. Comprender la diferencia entre intoxicación aguda e intoxicación crónica y poder explicar que la exposición continua a pequeñas cantidades de una sustancia tóxica durante días, semanas o meses puede ser peligrosa, incluso aunque de momento no produzca ninguna molestia.
  4. Explicar al público que el consumo exagerado de medicamentos puede ser peligroso.
  5. Explicar al público la importancia de manipular con cuidado los productos químicos peligrosos y de lavarse inmediatamente cuando un producto químico entra en contacto con la piel.
  6. Explicar que es peligroso ingerir los destilados de petróleo, como el queroseno.
  7. Entender las razones por las que conviene provocar el vómito o administrar carbón activado a las personas que han ingerido un tóxico.
  8. Saber que los peligros de una intoxicación se acentúan en los sujetos muy viejos, muy jóvenes o con mala salud.
  9. Saber por qué una persona que ha estado expuesta a un tóxico puede dar la impresión de no haber sufrido ningún daño y por qué conviene a menudo vigilar durante 12-24 horas a estas personas, incluso aunque aparentemente se encuentren bien.

¿Qué es una sustancia tóxica?

Por sustancia tóxica o veneno se entiende cualquier sustancia que produce efectos nocivos cuando penetra en el organismo. Esos efectos pueden ser leves (p. ej., dolor de cabeza o náuseas) o graves (p. ej., convulsiones o fiebre alta), en los casos más graves, la persona intoxicada puede morir.

Casi todos los productos químicos pueden actuar como un tóxico si la cantidad presente en el cuerpo es suficiente. Algunos son nocivos incluso en cantidades muy pequeñas (p. ej., una cucharadita por vía
oral o el volumen ínfimo introducido por la mordedura de una serpiente), mientras que otros sólo lo son si la cantidad absorbida es considerable (p. ej., el contenido de varias tazas).

Se denomina dosis a la cantidad de una sustancia química que ingresa en el cuerpo en un momento dado. La dosis capaz de causar una intoxicación recibe el nombre de dosis tóxica. La cantidad más pequeña que ejerce un efecto nocivo se denomina dosis umbral. Si la cantidad de producto químico que ingresa en el cuerpo es inferior a la dosis umbral, no se produce intoxicación e incluso puede haber efectos favorables. Los medicamentos, por ejemplo, ejercen efectos favorables si se toman en la dosis adecuada, pero pueden producir una intoxicación si la cantidad es excesiva.

Exposición a sustancias tóxicas

Cuando una persona entra en contacto con una sustancia tóxica se dice que está expuesta. El efecto de la exposición depende en parte de la duración del contacto y del mecanismo por el que ingresa en el cuerpo el tóxico, y en parte de la cantidad de sustancia tóxica que puede eliminar el organismo durante ese tiempo.

La exposición puede ser única o producirse de manera repetida.

Por exposición aguda se entiende un simple contacto que dura segundos, minutos u horas, o bien una, sucesión de exposiciones durante un día como máximo.

Por exposición crónica se entiende un contacto que dura días, meses o años. Puede ser continua o estar interrumpida por intervalos en los que no se produce ese contacto. La exposición que sólo se produce en el trabajo, por ejemplo, no es continua.

La exposición crónica a pequeñas cantidades de una sustancia tóxica puede no dar al principio ningún síntoma o signo de intoxicación. A veces pasan muchos días o meses antes de que el cuerpo albergue suficiente cantidad de sustancia química para que haya intoxicación. Una persona, por ejemplo, puede utilizar a diario un plaguicida, exponiéndose cada día a una pequeña cantidad de éste; ahora bien, la cantidad de plaguicida que se va depositando en el cuerpo aumenta gradualmente hasta que, al cabo de muchos días, se convierte en una dosis tóxica. En ese momento es cuando la persona empieza a sentirse mal.

Cómo ingresan las sustancias tóxicas en el organismo

La sustancia tóxica penetra en el cuerpo siguiendo una vía de exposición o vía de absorción. La cantidad de tóxico que ingresa en la sangre en un tiempo dado depende de la vía.

Ingestión (vía oral o digestiva)

La mayor parte de las intoxicaciones se producen de este modo. Los niños pequeños suelen ingerir accidentalmente la sustancia tóxica, mientras que los adultos lo hacen a veces deliberadamente para envenenarse. Las personas que comen, beben o fuman después de haber manejado una sustancia tóxica y sin haberse lavado las manos, pueden ingerir accidentalmente parte de ella. Este descuido es una causa frecuente de intoxicaciones por plaguicidas.

Los tóxicos ingeridos pasan al estómago (fig. 1). Algunos pueden atravesar las paredes del intestino y alcanzar los vasos sanguíneos. Cuanto más tiempo está una sustancia tóxica en el intestino, mayor es la cantidad que pasa a la sangre y más grave la intoxicación consiguiente.

Si una persona vomita al poco tiempo de haber ingerido la sustancia peligrosa, ésta puede quedar expulsada del cuerpo antes de que haya llegado a la sangre una dosis tóxica. Por consiguiente, cuando una persona no vomita espontáneamente, suele ser útil provocarle el vómito. Hay otros dos medios de evitar que las sustancias tóxicas pasen del intestino a la sangre: 1) administrar carbón activado, que adsorbe (fija) ciertos tóxicos impidiendo que atraviesen las paredes intestinales; y 2) administrar laxantes para acelerar el paso del tóxico por el intestino y lograr que salga del cuerpo con más rapidez. En el capítulo 9 se indica cuándo conviene provocar el vómito o administrar carbón activado o laxantes, y cuándo puede ser peligroso hacerlo.

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Fig.1. Las sustancias tóxicas ingeridas pueden pasar
del intestino a los vasos sanguíneos.

Las sustancias tóxicas que no atraviesan las paredes intestinales no llegan a la sangre, por lo que no pueden afectar a otras partes del organismo. Después de recorrer el tracto intestinal, salen del cuerpo con las heces. El mercurio, por ejemplo, no atraviesa las paredes intestinales; así, si un sujeto se traga el mercurio de un termómetro, el metal abandona el cuerpo con las heces y no produce intoxicación.

Vía respiratoria (inhalación por la boca o por la nariz)

Las sustancias tóxicas que están en forma de gas, vapor, polvo, humo o gotitas minúsculas (aerosoles o pulverizaciones) pueden pasar a los pulmones por la boca y la nariz con la respiración (fig. 2). Solamente llegan al pulmón las partículas que son invisibles por su tamaño; las más grandes quedan retenidas en la boca, la garganta y la nariz, pudiendo ser ingeridas. Una persona puede intoxicarse por inhalación cuando trabaja con una sustancia tóxica en el interior de un local mal ventilado o cuando aplica plaguicidas por rociamiento sin la protección adecuada. Los calentadores, hornillos y estufas de petróleo o gas producen humos tóxicos que pueden alcanzar una concentración peligrosa si no se evacuan al exterior o si el local no tiene buena ventilación.

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Fig. 2. Las sustancias tóxicas que se inhalan pasan con gran
rapidéz de los pulmones a los vasos sanguíneos

Las sustancias tóxicas que llegan a los pulmones pasan con gran rapidez a los vasos sanguíneos, ya que los conductos aéreos pulmonares (bronquiolos y alvéolos) tienen paredes muy finas y un riego sanguíneo abundante.

Contacto cutáneo (con líquidos, pulverizaciones o aerosoles)

Las personas que trabajan con sustancias químicas (p. ej., plaguicidas) pueden sufrir intoxicaciones si se salpican o humedecen la piel o si llevan ropa empapada por el producto.

La piel es una barrera que protege al cuerpo de las sustancias tóxicas. Sin embargo, algunas pueden atravesarla (fig. 3). Los tóxicos atraviesan con más facilidad la piel húmeda caliente y sudorosa que la fría y seca; por otra parte, la piel con arañazos o quemaduras ofrece menos resistencia que la piel intacta. Los tóxicos que alteran la piel la atraviesan con más facilidad que los que no la dañan. A veces es posible eliminar el veneno de la piel lavándola antes de que pase al interior del cuerpo.

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Fig. 3. Algunas sustancias tóxicas atraviesan la piel y
llagan a los vasos sanguíneos.

Perforación de la piel (inyección)

A través de la piel pueden penetrar sustancias tóxicas por inyección con una jeringa o un inyector de pistola, así como en el curso de un tatuaje o por picadura o mordedura de un animal venenoso (insecto, pez o serpiente). La inyección puede efectuarse directamente en un vaso sanguíneo o en el tejido muscular o adiposo subcutáneo. La inyección directa en la sangre surte un efecto muy rápido. Las sustancias tóxicas inyectadas bajo la piel o en el tejido muscular tienen que atravesar varias capas antes de llegar a los vasos sanguíneos, por lo que su acción es más lenta.

Qué sucede cuando una sustancia tóxica penetra en el organismo

Cómo circula la sustancia tóxica por el organismo

Tan pronto como llega al torrente sanguíneo, el tóxico se difunde por el cuerpo debido a que el corazón hace circular la sangre por todas partes (fig. 4).

Fig. 4. Tan pronto como llega al torrente sanguíneo, el tóxico
se difunde por todo el organismo.

Cómo se desintegra la sustancia tóxica en el organismo

Algunas sustancias tóxicas se descomponen dentro del cuerpo dando lugar a otros compuestos químicos. Estos compuestos, denominados «metabolitos», pueden ser más o menos venenosos que la sustancia «madre», pero se eliminan con más facilidad. La desintegración se produce principalmente en el hígado.

Cómo se excreta la sustancia tóxica

Tanto las sustancias tóxicas inalteradas como sus metabolitos suelen eliminarse con la orina, las heces o el sudor, así como en el aire expulsado durante la respiración. Los tóxicos pasan de la sangre a la orina por los riñones y de la sangre al aire espirado por los pulmones. Los tóxicos presentes en las heces pueden haber pasado por el intestino sin haber sido absorbidos en la sangre o haber retornado al intestino después de sufrir dicha absorción. Algunas sustancias tóxicas, por ejemplo el DDT, se acumulan en los tejidos y órganos del cuerpo, donde pueden permanecer largo tiempo.

Efectos de las sustancias tóxicas

Los efectos que ejerce una sustancia química en el cuerpo pueden ser locales o generales.

Los efectos locales se limitan a la parte del cuerpo que está en contacto con la sustancia química, es decir la piel, los ojos, las vías respiratorias o los intestinos. Como ejemplo de efectos locales pueden citarse las erupciones cutáneas, las quemaduras, el lagrimeo y la tos producida por irritación de la garganta. Muchos tóxicos producen efectos locales, pero también hay otros muchos que no lo hacen. Más adelante se dan más detalles sobre los efectos locales.

Los efectos generales o sistémicos son efectos más difusos que aparecen cuando se absorbe una sustancia tóxica en el organismo.

Algunos tóxicos causan a la vez efectos locales y efectos sistémicos. Siempre que se observen efectos locales tras la exposición a una sustancia química habrá que investigar si hay también signos o síntomas de intoxicación general.

Efectos locales

En la piel

Las sustancias químicas que atacan a la piel producen en ella enrojecimiento o erupciones, dolor, hinchazón, ampollas o quemaduras graves. Las quemaduras pueden ser análogas a las causadas por el fuego.

Las sustancias químicas irritantes producen picor, sensación de quemadura o dolor cuando entran en contacto por primera vez con la piel, pero no quemaduras si se lava bien la superficie afectada. En cambio, pueden dar lugar a quemaduras si el contacto es prolongado, por ejemplo en el caso de los sujetos que llevan ropa contaminada durante varias horas.

Algunas sustancias químicas irritantes no producen ningún efecto las primeras veces que entran en contacto con la piel, pero el contacto prolongado da lugar a enrojecimiento o erupciones. Así ocurre, por ejemplo, tras el uso repetido de un producto de limpieza doméstico.

A veces las personas se hacen sensibles a una sustancia química que utilizan con frecuencia. Al principio no se observa ningún efecto pero al cabo de semanas o meses pueden sufrir una erupción cada vez que la utilizan.

Las sustancias químicas corrosivas o cáusticas producen muy pronto quemaduras dolorosas y pueden causar la destrucción de la piel. Esta puede presentar ampollas y un color grisáceo o parduzco.

En los ojos

Si entran en contacto con los ojos, las sustancias irritantes o corrosivas pueden provocar un dolor intenso. A veces se producen rápidamente quemaduras en la superficie ocular, así como reacciones cicatrizales o incluso ceguera. El paciente puede presentar enrojecimiento ocular y lagrimeo. Las personas afectadas tienden a mantener los ojos cerrados y soportan mal la luz intensa.

En el intestino

Las sustancias irritantes o corrosivas pueden producir lesiones en la boca y la garganta o en la pared interna del intestino. Los sujetos afectados presentan dolor abdominal, vómitos y diarrea. En el material vomitado y en las heces puede haber sangre. En las quemaduras de la garganta puede aparecer con gran rapidez una hinchazón localizada que impida respirar.

En las vías respiratorias y los pulmones

Algunos gases y vapores pueden tener efectos irritantes en la nariz, la garganta y las vías respiratorias superiores, provocando tos y ahogo.

Otros producen lesiones en los pulmones, dando lugar a que se acumule agua en su interior. Esto puede suceder al poco tiempo de haberse inhalado la sustancia tóxica o en un plazo de 48 horas. La acumulación de agua en los pulmones impide respirar normalmente y puede crear una sensación de ahogo en la persona afectada, por lo que habrá que hospitalizarla lo antes posible. A este estado se le da el nombre de «edema del pulmón».

Algunos de los gases que causan edema del pulmón irritan también la nariz, la garganta y las vías respiratorias superiores, provocando tos y sensación de ahogo. Cuando una persona empieza a toser y siente que se ahoga, hay que sacarla de la habitación rápidamente para que respire aire fresco, si es posible. A menudo esta simple medida evita que permanezca demasiado tiempo en contacto con el gas y sufra una intoxicación. Algunos gases tóxicos, tales como el monóxido de carbono, no ejercen efecto alguno en la nariz y la garganta. Los gases tóxicos que no provocan tos ni sensación de ahogo son muy peligrosos porque los sujetos afectados pueden ignorar que están respirando un veneno.

La ingestión de destilados de petróleo, tales como el queroseno, puede provocar edema del pulmón. Cuando una persona traga un líquido o sólido cualquiera, la tráquea (caña del pulmón) se cierra, evitando así que la mayor parte de la sustancia ingerida llegue a los pulmones; sin embargo, aun así puede pasar una pequeña cantidad de líquido. Con la mayor parte de los líquidos esto no tiene importancia, ya que la cantidad es demasiado pequeña para dañar el pulmón, pero en el caso de los destilados de petróleo basta una cantidad ínfima para provocar el edema del pulmón.

Un aspecto más importante es que cuando el sujeto está inconsciente la tráquea no se cierra, por lo que no hay nada que evite que pasen a los pulmones alimentos, bebidas o vómitos, provocando obstrucción respiratoria o edema pulmonar. De ahí que sea muy peligroso tratar de administrar alimentos, bebidas o medicamentos a las personas que estén inconscientes.

En los puntos de inyección

Los tóxicos irritantes inyectados en la piel (p. ej., por picaduras de insectos o mordeduras de serpientes) pueden causar dolor e hinchazón en el punto de inyección. También pueden sufrir efectos locales las personas que se inoculan accidentalmente medicamentos veterinarios al tratar de administrar una inyección a pájaros u otros animales.

Efectos generales

Las sustancias tóxicas pueden ejercer efectos nocivos de muchos modos:

  • Causando lesiones en ciertos órganos como el cerebro, los nervios, el corazón, el hígado, los pulmones, los riñones o la piel. La mayor parte de los tóxicos ejercen un efecto mayor en uno o dos órganos que en otras partes del cuerpo. A esos órganos más afectados se les denomina «órganos diana».
  • Bloqueando la transmisión de mensajes entre distintos nervios.
  • Impidiendo que el cuerpo funcione normalmente (p. ej., bloqueando el aporte de energía o de oxígeno).

Efectos en el feto

Algunas sustancias tóxicas pueden ejercer efectos nocivos en el niño cuando aún se encuentra en el útero materno. Esto ocurre sobre todo durante el primer trimestre del embarazo, que es cuando empiezan a formarse el sistema nervioso y los principales órganos. Las partes del niño más afectadas son los huesos, los ojos, los oídos, la boca y el cerebro. Si las lesiones son muy graves, el niño deja de crecer y muere. Algunas sustancias tóxicas pueden ser nocivas para el feto y no para la madre, lo cual plantea un problema importante pues nada advierte a ésta de que su hijo está en peligro.

El hecho de que la madre fume o beba bebidas alcohólicas durante el embarazo puede ser nocivo para el feto. También los medicamentos pueden ser peligrosos para éste. Las embarazadas no deben tomar nunca medicamentos que no hayan sido prescritos por un médico.

Cuándo aparecen efectos generales

Los efectos generales sólo aparecen cuando la cantidad de tóxico en el cuerpo es mayor que la que éste puede eliminar, en cuyo caso la sustancia se acumula y alcanza el «nivel umbral».

Por lo común, cuando el contacto con el tóxico es breve (exposición aguda) los efectos aparecen poco después de la exposición y no duran mucho. En algunos casos, sin embargo, los efectos de un tóxico no son visibles durante las horas o incluso los días que siguen a la exposición aguda. En el caso de las personas expuestas durante largo tiempo (exposición crónica), los efectos pueden ser muy duraderos.

Sucede a veces que una persona expuesta a un tóxico no sufre aparentemente ningún efecto nocivo. Ello puede deberse a que la exposición no ha durado lo bastante para que la dosis absorbida llegue a ser tóxica. También puede ocurrir que la persona haya absorbido la dosis tóxica pero se encuentre aparentemente bien por ser demasiado pronto para que se manifiesten los efectos de la intoxicación.

A veces es difícil saber si una persona que ha estado expuesta a un tóxico va a sufrir o no algún efecto nocivo. Antes de enviarla a su casa, por consiguiente, habrá que averiguar:

  • cuánto tiempo ha pasado desde la exposición;
  • cuánto tiempo suele pasar antes de que se manifiesten los efectos del tóxico (búsquese el dato correspondiente en la segunda parte de este manual o consúltese con un centro especializado).

Ante un caso presunto de intoxicación, no estará de más vigilar al sujeto durante un plazo de 12-24 horas para ver si aparece algún efecto nocivo. A veces puede ser necesario prolongar todavía más ese periodo de vigilancia.

La exposición a una sustancia química no afecta por igual a todas las personas. Algunas pueden ser más sensibles que otras. Los niños y los viejos, por ejemplo, suelen acusar más las intoxicaciones que los adultos jóvenes y, por otra parte, las personas debilitadas porque comen mal, beben en exceso 0 padecen alguna enfermedad sufren intoxicaciones más graves que los sujetos sanos.

 
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